Un día mas en que me tocaba despedirla y yo quedarme en casa jugando a ser poeta, ella ingeniera con sus edificios y yo escritor con mis paginas en blanco.
Así son nuestros días.
Ella, salia a diario antes de las ocho y regresaba puntal a las seis y yo esperaba enamorado desde antes de las cinco y ya a las siete nos invadían las carcajadas, las alegrías, ella me contaba los problemas de su día y yo le explicaba breve mente los silencios del mio, a las diez eramos solo uno intentando ser mas que dos y así hasta la madrugada, con sus manos sobre la mía hasta cada mañana y luego antes de las ocho de nuevo la despedida.
Esto era a diario y aunque suene o parezca rutina ella y yo eramos mas que felices, estábamos domesticados uno al otro, yo era su responsabilidad y ella para mi era única en el mundo.
hoy celebramos siete años juntos y prepare una sorpresa, la habitación llena de flores de cerezo, sobre la almohada el libro que tanto buscaba, uno que la llevara por vuelos nocturnos, en mi bolsillo un anillo de compromiso y por supuesto un intento de poema, adorne la mesa con velas, me dedique a la cocina y deje a un lado las paginas sin letras.
Pasaron las cinco y yo estaba ansioso.
Llegaron las seis y yo nervioso.
Las siete me sorprendieron y me llene de dudas.
La llame al teléfono y no atendía.
Mi reloj anda rápido empece a decirme y mis latidos lentos empece a sentirme.
Las velas de la mesa ya bailaban con el viento.
La ventana no estaba cerrada y la verdad ya me empezaba a dar frió en ese momento.
Escucho tocan a la puerta y de un salto la abro con desesperación.
No era ella.
Eran las diez y el oficial en la puerta me daba la noticia.
De nada sirvió afeitarme la barba esta tarde.